LIBÉRATE DE LAS EXPECTATIVAS

¿Cuáles son las expectativas en pareja? Esencialmente, se trata de las ideas, o bien, la posibilidad sobre de qué forma deben o no deben ser las cosas en relación a esa persona que deseamos que haga parte de nuestra vida.

 

Resulta que al empezar una relación ponemos cosas en el otro que realmente son nuestras, y frente a una ruptura entre más expectativas, más doloroso es el proceso de dejar ir, justo porque nos quedamos de nuevo con eso que ponemos en el otro y que resultó no ser.

 

Incluso las metas, los proyectos resultan ir por caminos distintos y no nos percatamos porque estamos tan inmersos en lo que nosotros deseamos que no vemos o escuchamos al otro.

 

Expectativas de pareja

 

Resulta que todos tenemos expectativas. Generalmente nos agrada fijarnos metas altas y está bien, la idea es que siempre y en toda circunstancia sientan motivación y también intenten superarlas; aún, está bien tener expectativas para sí mismo, por ejemplo, las que te ayudan a lograr tus éxitos personales, así sea en el campo laboral, académico, familiar o social.

 

No obstante, cuando dichas expectativas están relacionadas con otras personas, debemos tener mucho cuidado de no sobrepasar la realidad, puesto que ser muy rigurosos con las otras personas, nos puede llevar a toparnos con decepciones.

 

Lo mejor que se puede hacer en lo que se refiere a las expectativas que tenemos en relación con los demás, especialmente a la relación de pareja, es evaluar qué papel juegan éstas en el momento presente y lo que deseamos a futuro y si van en resonancia con lo que el otro desea o no.

 

¿Qué hacer cuando hay un exceso de expectativas?

 

Las esperanzas son un arma de doble filo que hay que saber manejar a nuestra conveniencia. Unas veces son el incentivo necesario para asistirnos a avanzar y, otras, el camino más directo de cara a la decepción personal. Mantener expectativas positivas sobre algo equivale a sentirnos ilusionados, anticipando el desenlace satisfactorio de una situación. El peligro viene cuando pecamos de un exceso de optimismo, aunque sería más apropiado llamarlo irrealidad.

 

Vivir el ahora, agradecer, hablar con la pareja y socializar qué es lo que queremos, y ser realistas cuando los caminos van por rumbos diferentes y saber internamente que no hay más punto de encuentro.

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